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RAÍZ DE LA LEYENDA

La leyenda negra de Valeria Mesalina se originó a partir de las continuadas afirmaciones sobre su insaciable sexualidad. La joven fue conocida como una indisciplinada a la que no le gustaba la vida en la corte. Debido a ello, nunca tuvo intención de encarnar los valores de una matrona romana, es decir, el modelo de mujer con un comportamiento intachable, una mujer perfecta.

El hecho de que no actuó con el carácter que se esperaba de la esposa del emperador, junto con que ella participó en las intrigas de los altos mandos en un momento de peligro y su inexperiencia e incapacidad política, Mesalinase convirtió en víctima de chantaje y amenaza. Así fue como sus extorsionadores promulgaron historias sobre ella que la definieron como ramera y impúdica.

El naturalista y filósofo Plinio el Viejo, fue elautor de las enciclopedias Naturalis Historia, Publicadas yn el 77 d. C., que pretenenabarcar todo el conocimiento antiguo. conviene destacarque la temática del trabajo no se limita a lo que podemos entender por historia natural, sino a todo el conocimiento en general. Fue en libro número 10, capítulo 83, donde Plinio retractó a Mesalina con una de las historias que la tratan de ramera y immmoral. La leyenda explicó el duelo entre ella y una prostituta profesional para saber cuál de las dos aguantaría más en un sexo continuo. Finalmente, según el autor, la batalla la ganó Mesalina manteniendo un coito que llevará día y noche, y donde aguantó hasta la vigésimo quinto “abrazo”.[1] 

Imagen del Burdel de Pompeya.

” … una de las más notorias de las mujeres que seguían la profesión de una prostituta contratada ; y la emperatriz la superó, después del coito continuo, día y noche, en la vigésimo quinta abrazo. “

PLINI

[1]Imagen sacada de la web https://ca.wikipedia.org/wiki/Lupanar_de_Pompeia

Pero, Plinio no fue el único en mencionarla, sin embargo, en el ámbito artístico de la poesía, dieron su opinión sobre esta mujer, como lo hizo el poeta romano Decimus Juvenal, autor de dieciséis sátiras recopilados con el nombre de las sátirasy publicadas en el siglo I d. C.lasu sátira número 10, expuso como Mesalina obligó a Cayo Silio, su amante, a divorciarse de su esposa y casarse con ella. La describió como la mujer más salvaje con un gran odio provocado por su vergüenza al ser una mujer muy sexual. El autor, explicó como Mesalina hizo decidir a Silio entre divorciarse de su esposa o ofrecer su cuello a la espada.[2]

también, habló de ella en la sexta sátira. en esta, Aparece la notoria descripción de cómo la emperatriz solía trabajar clandestinamente toda la noche en un burdel bajo el nombre de Loba. El autor narró como ella esperava que Claudio se durmiera para escaparse y disfrazarse obteniendo una falsa identidad para ir al prostíbulo donde venía su cuerpo. allí,a pesar de muchos reclamaven sus servicios, nunca quedó satisfecha. Por este motivo, al llegar el día volvía a regañadientes a su habitación. Según él, ella era una criatura repugnante con cara sucia que llevó el hedor de los burdeles en la cama del Emperador.[3]

Sin embargo, otroshistoriadores deterioran la imagen de la emperatriz. Uno de ellos fue el político y militar romano Dión Casio autor del’importante obra Historia romana publicada en el siglo II d. C. Este trabajo abarca cerca de 500 años de historia, desde la fundación de la ciudad en 753 hasta el año 229 a. C. Fue en el volumen número 60, donde resaltó el libertinaje de Mesalina, junto con la influencia que ejerció en otras mujeres que también actuaran como ella. Recalcà así, como hizo que muchas de ellas se adultera, haciendo que las mujeres actuaran de forma impúdica, incluso, ante sus esposos.[4]

Pero, Cassius no fui el único en mencionarla, otros historiadores la describieron como una mujer infiel, Como lo hizo uno de los más importantes historiadores de la época romana: Gayo Suetonio. Él fue quien escribió obras tan remarcables comoVida del Divino Cesar o Vidas de los doce césares. Esta última, narró las biografías de los doce primeros césares romanos y en una de estas, concretamente en la de Claudio. Explica como este se dio cuenta de los hechos vergonzosos y malévolos que cometía la su esposa, y en cuandot se enteró de que ella se había casado en secreto con Cayo Silio, decidió matarla.[5]

Otro ejemplo de historiador que mencionó a Mesalina fue Cornelio Tácito, autor de obras sobre la vida romana como Diálogo de los oradores.[6]En la anteriormente mencionada, publicada en el año 72 d. C., fue donde mencionó a Mesalina. La obra es la segunda publicación más importante de Tácito y trata sobre la dinastía Julio-Claudio desde la muerte del deificado Augusto hasta el año 68 d. C. Concretamente, fue en el volumen 11, capítulo 26, donde se habló sobre ella, tratándola de mujer fatal. Explicó como Mesalina, embafada los libertinajes, conspiró contra el César con su amante Silio, pero finalmente Claudio se le adelanta y procede a sacrificarla.[7]

Cuadro de Los Fuegos de Vesta.

“ la facilidad del adulterio había empalaga a Mesalina y ella se dirigía hacia libertinajes inexpertos

Cornelio TÁCITO

[2]Imagen sacada de la página web https://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Pavel_Svedomskiy_003.jpg

Quien también perpetuó la leyenda más adelante, particular enel siglo IV d. C. , Fue el historiador Sextus Aurelius Victor, autor de’obras sobre la historia romana.[8] Fue en el relato Libro de los Césares, En el epítome del volumen número 4 de el escrito, Donde trató a Mesalina de todoa modo de tiranías. El autor, explicó como Mesalina arrastró a Claudio haciala depravación a través de las tentaciones. La acusó también, adulterio indiscriminado y explicó que muchos de los que la rechazaron, fueron asesinados junto con sus familias, acusándolos ante la justicia diciendo que ellos fueron los que habían solicitado a Mesalina. Además,el inculpado que excitada por ello, obligó a ciertas mujeres de la nobleza, casadas y solteras, a actuar como prostitutas, obligando vez los hombres a participar.[9]


[1]“Mesalina, la esposa de Claudio César, creyendo que era una palma bastante digna de una emperatriz, seleccionó, con el propósito de decidir la pregunta, una de las más notorias de las mujeres que seguían la profesión de una prostituta contratada ; y la emperatriz la superó, después del coito continuo, día y noche, en la vigésimo quinta abrazo. “.  http://www.perseus.tufts.edu/hopper/text?doc=Perseus%3Atext%3A1999.02.0137%3Abook%3D10  (07/26/2020)

[2]” La mujer es más salvaje / Cuando se agita al odio por una sensación de vergüenza. Que Consejo / Le darás a Silio a quien la esposa de Claudio ha determinado? / Casarse? Es el mejor y más bonito miembro de / Raza patricia, pero una mirada de Mesalina lo atrae / A un final miserable; ella ha estado esperando un tiempo ahora, ella / (…)Si cometes el pecado, habrá un breve retraso antes / Lo que Roma y la mafia conocen llegan al oído de César. / Inclínate ante sus órdenes, si vale la pena pasar unos días de vida. / Cualquiera que sea la decisión que considere más fácil o preferible, / Aunque deberás ofrecer tu fin cuello blanco en la espada. “. http://www.poetryintranslation.com/PITBR/Latin/JuvenalSatires10.htm#_Toc284248936 (07/26/2020)

[3] Da un vistazo a los rivales de los dioses; escucha como Claudio / Cuando su esposa, Mesalina, supo que estaba dormido, / Ella iría con no más que una sirvienta de escolta. / La emperatriz se atrevió, por la noche, a usar la capucha de una prostituta, / Y ella prefería un colchonero en su cama en el Palau Palatino. / Vestida de este modo, con una peluca rubia ocultando su natural / Cabello, ella entraría en un burdel que apestaba a viejos sábanas sucias, / Y haz una habitación vacía, su; después venderse / Sus pezones dorados, desnudos, tomando a Loba como nombre, / Mostrando el vientre del que vienes, noble Britannicus, / halagar a sus clientes en entrar y tomaría su dinero. / Después métase en la cama complacientemente, deleitándose con cada golpe. / Más tarde,“. https://www.poetryintranslation.com/PITBR/Latin/JuvenalSatires6.php (07/26/2020)

[4] “Mesalina no sólo exhibía su propio libertinaje, sino que también obligaba a las otras mujeres a mostrarse igualmente imprudentes. Hizo que muchas de ellas cometieran adulterio en el mismo palacio mientras sus esposos estaban presentes y observaban. “. http://penelope.uchicago.edu/Thayer/E/Roman/Texts/Cassius_Dio/home.html (07/26/2020)

[5] “Después se casó con Valeria Mesalina, hija de su prima. Pero cuando se enteró de que, además de otros hechos vergonzosos y malvados, se había casado con Cayo Silio, y que se había firmado un contrato formal en presencia de testigos, lo mató y declaró ante la guardia pretoriana reunida que, en la medida en que lo hicieron sus matrimonios. “. Suetonio, Vida de los doce Césares, Cátedra, Madrid, 1998, pp. 489.

[6]Adjunto, a modo de ejemplo, dos ediciones de dos de sus relatos más relevantes: Cornelio Tácito, Vida de Julio Agrícola. Germania. Diálogo de los oradores, Akal, Madrid, 1999.

[7] Ella tomó sus frases con una frialdad debida, no a ninguna ternura. por su marido, sino ante el recelo que Silio, sin alturas que escalar, pudiera despreciar a su amante y llegar a apreciar en su justo valor un crimen sancionado en la hora del peligro. Sin embargo, por esta infamia trascendente que constituye el último deseo del libertino, codiciaba el nombre de esposa y, esperando sólo hasta que Claudio parte hacia Ostia para celebrar un sacrificio,celebró las solemnidades llenas del matrimonio. “ Texto encontrado en la web https://penelope.uchicago.edu/Thayer/E/Roman/Texts/Tacitus/Annals/11B*.html (06/08/2020)

[8]Adjunto, a modo de ejemplo, una edición de cada libro citado: Sextus AURELIUS, Liber de Caesaribus; Praecedunt, Origo Gentis Romanae Te Liber de Viris Illustribus Urbis Romae, Subsequitur Epitome de Caesaribus, Stereotypes, Roma, 1966; y Sextus AURELIUS,Sextus Aurelius Victor de viris illustribus urbis Romae, Real, Breslau, 1850.

[9] y los hombres fueron obligados a participar. Pero si alguien retroceder de tales depravaciones, ella fabricaría una carga y lo atacaría salvajemente a él ya toda su familia. “. Sextus AURELIUS,Book on the Emperors, Liverpool University Press, Liverpool, 1994, pp. 5.

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